Posterior a ese singular "intro", es pertinente lanzar una pequeña pregunta cual hoja de otoño que viaja por el aire... ¿Porque la ilusión, la decepción y el enamoramiento duelen de una manera similar?
Y no, no hay canción, poema o teorema que pueda medir, explicar y/o analizarlo, que pueda medir un nivel de sufrimiento cual medidor de gas. El humano tiende a querer medir todo, sin embargo, estos tres elementos no puede meterlos en una tabla para expresar con ironía:
- Tengo 10 de decepción, 7 de ilusión y 50 de enamoramiento.-
Irremediablemente debemos aprender a "lidiar" con ese enigma, quizá, por el resto de la existencia humana. No nos hace daño, nos regala la oportunidad de sentirnos vivos, de sabernos llenos de sentimientos y de comprobar que, en el mejor de los casos, no somos una piedra que habla, come y finge. Pero, que nos hace caer en ese ciclo que ya de por si es complicado... La respuesta amigos, pienso yo, es: el humano es un animal que ama el masoquismo, que encuentra diversión en lo complicado y que adora meterse en problemas que lo rebasan cual rascacielos en Nueva York.
Lo que encuentro curioso en esta triada es la sospechosa manera de actuar en contra-favor del humano pues la ilusión puede verse como un hermoso telón, mismo que espera impaciente a levantarse para presentar la función más suculenta de todos los tiempos: el enamoramiento.
Este último va aderezado con la más deliciosa especia que puede existir en el mundo, la cual no sirve si no va postrada cual cereza en un pastel, si, me refiero a la decepción... Que belleza.
Así que, no intentemos explicar ni mucho menos entender, este ciclo juega con nosotros; puede ser benévolo al inicio o al final, puede ser cruel de principio a fin sin embargo, aunque todos temamos a ese juego, aún así aceptamos los términos y con gusto entramos a ese "patio de recreo del diablo"
